Las 3 leyes del Árbol de la Vida

- Categorías : Geometría sagrada

Siguiendo con mi artículo precedente sobre el tema, tratemos hoy de profundizar en los 3 centros del Árbol de la Vida, que corresponden de hecho a la anatomía espiritual del hombre. Y de alguna manera esto se corresponde con las 3 leyes que deben regir nuestra vida.

Los tres centros que están vivos en el árbol en forma de raíces, tronco y ramas, se encuentran en muchas formas en el hombre.

En primer lugar, en el cuerpo físico del hombre, estos tres centros son la voluntad para las raíces, los sentimientos para el tronco y el pensamiento para las ramas y el follaje.

Cuando observamos el cuerpo del hombre, podemos discernir todas las raíces a través de los sistemas nervioso, hormonal, venoso y etérico.

El tronco es el alma que conecta el cielo y la tierra.

Las ramas son el espíritu, la conciencia superior común.

Tener raíces fuertes

Las raíces del árbol nos muestran que el hombre debe ser activo en su voluntad, debe ser abierto, amplio, profundo y buscar estabilizarse en todas las direcciones, en todo lo que se le presente

El hombre voluntarioso debe ser intrépido porque sabe lo que quiere y eso es su protección. No hay otra. El que vive sólo para el cuerpo físico está perdido, pero el que conoce el secreto del tronco y de las ramas que están en otras esferas de la existencia, ha encontrado el secreto de las poderosas y verdaderas raíces.

Puede actuar en todos los ámbitos de la vida para enraizarse y atraer la energía hacia el tronco.

Tener un tronco, una corteza dura

Para el árbol, el tronco es lo que unifica la parte superior y la inferior, es el lugar por donde circula la savia. Este tronco suele ser estable, potente y erguido.

Se apoya en las raíces, que se hunden profundamente en la tierra mientras se dividen, se extienden y se expanden.

El tronco es como un trenzado de todas las raíces, una unificación hacia un único objetivo. Mientras que en las raíces todo busca captar la energía y transformarla, en el tronco todo se vuelve hacia dentro.

No hay apertura al exterior.

Esta es una verdadera clave que nos muestra el árbol y es sorprendente porque va en contra de todo lo que solemos pensar sobre la esfera del corazón y los sentimientos.

Hay mucha sabiduría en esta enseñanza del árbol, pero lo realmente sorprendente es que el poderoso tronco corresponde al corazón y al alma del sentimiento. El Árbol de la Vida nos muestra que los sentimientos del hombre que recorre el camino de la grandeza no deben ser exteriormente receptivos, inestables, ligeros, fútiles, sino poderosos y estructurados como lo puede ser el tronco del árbol.

No es el sentimentalismo lo que hay que cultivar, sino la estabilidad que une el cielo y la tierra.

El Hombre Árbol debe estar totalmente consagrado y orientado hacia arriba en lo que recibe y hacia la realización a través de sus raíces. Pero su corazón no debe estar de ninguna manera abierto al mundo exterior. De nuevo, esta es una verdadera clave que nos da el Árbol de la Vida

Esto es lo contrario de lo que enseñan la espiritualidad y la psicología modernas, que pretenden desviar las fuerzas del alma y la fidelidad al mundo superior de los pensamientos elevados y vivos.

Los sentimientos no deben ser una apertura y receptividad hacia los demás, sino sólo una apertura y fertilización hacia arriba, hacia lo que viene de las ramas, como una sabiduría sagrada, una presencia angélica que armoniza con el trabajo de las raíces.

El propósito de las raíces es alimentar las ramas y el propósito de las ramas es iluminar las raíces. El propósito del tronco es permitir la comunicación entre la parte superior y la inferior.

Mientras no estés centrado y enfocado en lo esencial, en ti, perderás energía, y lo que es peor, ¡te la robarán!

Tener un alto ideal de vida en las ramas

Cuando volvemos a mirar el árbol, vemos que para él la rama es el cielo. También para el hombre el pensamiento es un don maravilloso que le permite llegar al espíritu.

El pensamiento debe estar vivo, consciente, alimentado por las raíces de la tierra y llevado por el tronco del corazón. Entonces el pensamiento puede unirse y hacer que las altas virtudes sean vivas y activas. A través de su follaje vemos que el árbol busca expandirse como lo hace con sus raíces.

Incluso a través del olor de las hojas que puede llevar, se percibe que busca penetrar en los mundos cada vez más sutiles del espíritu. Se vuelve creativa en los mundos espirituales e incluso en los materiales a través de las hojas que renuevan el humus.

El hombre debe ser capaz, como el árbol, de aceptar nuevos pensamientos sin romper sus ramas, sus propias concepciones, su estructura.

Debe ser súper maleable para acoger el más mínimo soplo y traducirlo en dulce música a través de su follaje y sus ramas (un poco como el junco, que se dobla pero nunca se rompe).

A veces es una tormenta, o pájaros o cualquier otro elemento y su fuerza es que debe a través de todo esto mantener su estabilidad, su filosofía interior, su ser, su verdad eterna, mientras se abre a la realidad de otros seres y realidades superiores.

Puede llevar estas realidades en sus ramas y volverse sólido, estable. Cada rama puede ser un tronco en sí mismo para llevar la luz del espíritu en todas sus formas, colores, olores, sonidos.

El hombre y el árbol son uno. El árbol muestra el camino al verdadero hombre.

Esta enseñanza del Árbol de la Vida merece ser meditada.

También le permite descifrar mejor ciertas situaciones de su vida, ciertos estados de ánimo o dificultades de las que no puede deshacerse.

Si todas las tradiciones iniciáticas de los pueblos han hablado del árbol y lo han asociado a la vida y al conocimiento universal, es el cuerpo etérico o cuerpo vital del hombre el que tiene forma de árbol.

Somos el Árbol de la Vida no en nuestro cuerpo sino en lo que anima nuestro cuerpo.

En la vida debes saber cuáles son tus raíces y cuáles son tus ramas. Debes preservar tu árbol interior porque es el organismo de la vida dentro de ti.

Al centrarte en el Árbol de la Vida dentro de ti y darle vida en todas tus actividades, pones orden y permites que el gran ciclo de la evolución trabaje para transformar y unificar todo para el bien.

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Fuente :

Mi hermano el árbol, publicado por Ultima.

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